sábado, diciembre 30, 2006

Un día negro antes de acabar el año

El tercer artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos declara que cada persona tiene derecho a la vida. Cada persona independientemente de su nacionalidad, género, edad, condición política, raza, idioma, religión, tiene éste derecho entre otros muchos. A las 4 de la madrugada de ayer (no hace aún ni un día) se ha ejecutado a Saddam Hussein. Una soga en el cuello ha sido el elemento material que ha quitado la vida al dictador iraquí mientras que han sido las instituciones políticas "democráticas" las que han decidido su funesto destino. En ningún momento defiendo al dictador, pero sí que critico los medios con los que se querido hacer justicia. Saddam merecía ser castigado por todos sus crímenes, cosa que además no se ha hecho siendo condenado a muerte solo por unos pocos de ellos. Saddam debería de haber dado cuenta de todo el daño hecho y ser castigado, pero nunca emplear la muerte como arma de justicia. Esa arma ya la usó él para imponer su justicia, una justicia que ha llevado a Saddam a ser condenado por múltiples crímenes humanos. Pues él, en calidad de dictador, ha violado todos los derechos humanos y considero de justicia que pague por esos crímenes, pero no pagar un crimen de sangre con más sangre. Aunque haya sido un criminal no podemos aprobar la misma justicia que él ha estado usando. ¿A qué altura nos situamos cuando hacemos ésto? ¿Acaso no nos estamos rebajando a su mismo nivel cuando pedimos la muerte? Las fechorías cometidas por Hussein deberían de haberle llevado a la cárcel como a todo criminal. En cambio, desde instituciones democráticas se ha apoyado un recurso que va en contra de los derechos humanos que tanto quieren defender. Para algunos no hay más ley que la que dice "a hierro mata, a hierro muere".
Algunos países que se etiquetan como democráticos y garantizadores de la libertad y derechos humanos deben de reconsiderar una serie de cuestiones que no pasan por morales como el homicidio como recurso legal de la justicia.

Aún así hay otros temas que entristecen: ETA ha vuelto a las andadas con una furgoneta bomba en el aeropuerto de Madrid. Sea lo que sea lo que quieran demostrar con ello lo único que considero yo que demuestran es la falta de credibilidad que han ido asumiendo a lo largo de los años. También me entristece leer en algunos sitios como van echando las culpas al gobierno o a la oposición. Ni uno ni otro han puesto la bomba, por tanto ni uno tiene culpa de ello. Si ante una situación así la gente no se une ¿qué podemos esperar entonces? ¿Cuántos muertos más se necesitan para darse cuenta que esto hay que afrontarlo desde la unidad y no el enfrentamiento? Esta claro que es preferible hoy día echar las culpas unos sobre otros mientras un tercero pone la bomba.

Este fin de año está resultando un poco funesto políticamente hablando. Espero que el 2007 empiece mejor que como ha acabado 2006.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que más me preocupa de la ejecución de Sadam Husein es que se podría decir que Europa entera estaba en contra de esta ejecución. Entonces aquello de que la Unión (Europea) hace la fuerza se queda en unioncilla de pacotilla.

Ricardo Llorca dijo...

Pues sí, pocos son los que han vitoreado la ejecución mientras que han sido muchos los que se han manifestado en su contra.

Lo que no sabía era que japón también tuviera vigente la pena de muerte. En principio no me lo imaginaba de ellos, pero haciendo un repaso histórico, resulta que es de lo más normal en la cultura nipona.

Unknown dijo...

La verdad es que los americanos son más tontos de lo que se pensaba. ¿No se lo hubieran pasado mejor metiendo a Sadam en una jaula al aire libre, como Carlos o los guantanameros?
En fin, la pena de muerte debe ser abolida de todo el mundo. Salvo, claro está, para los que rompen espejos retrovisores... Estas navidades mi coche amaneció con el espejo en el capó, pero a diferencia de ti, había una nota con un móvil y un Felices Fiestas. Se salvó de la quema.

Gracias por visitarme. Y visto tu blog, también yo me pasaré por tus delirios.
Saludos.