Mostrando entradas con la etiqueta Mi coche. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mi coche. Mostrar todas las entradas

martes, enero 02, 2007

Pero qué hijos de puta

Y no hace mucho hablaba yo de mi querido amigo el coche. Pues llega un momento en la vida de éstos que se parecen a un abuelo. Siempre les pasa algo, o están acatarrados, o se han fracturado la rodilla, o sufre de incontinencia. La diferencia entre el uno y el otro es que uno presta servicio y el otro simplemente está por ahí. Pues bueno, después de todas las reparaciones y pensando que ya no podía pasarle más al coche hasta dentro de una temporada no podía pasar mas que una cosa: que un gracioso se cargara el espejillo izquierdo del coche.

Bueno, pues me voy a cagar en la puta madre que parió a semejante bastardo. No hace mucho hablaba sobre lo horrible que me parecía la pena de muerte. Mentira, era todo mentira. Le deseo el mismo destino que tuvo Saddam al muy hijo de puta que me ha jodido el retrovisor. Reza para que no averigue nunca cuál es tu coche...o dónde vives...¡Miserable!

Al menos he logrado recuperar el reproductor de música del coche.

P.D: Te maldigo un millón de veces, a tí y al butanero que preñó a tu madre. ¡Hijo de puta!

domingo, diciembre 31, 2006

Mi coche y yo

En ciertos momentos de la vida hay objetos que forman a pasar parte de tu vida cotidiana. Están tan presentes que sin duda alguna parecen que sean entes con vida propia. Este es el caso de mi querido coche, el Gitanomóvil. Son tantas las cosas que han pasado en el poco año que llevamos intimando que considero que merece un apartado especial en mi corazón, y en este blog.

Para que os hagáis una idea, mi coche es un FIAT Tempra. Debe tener ya unos 13 o 14 años y gusta beber de Diesel. Su color debería de ser blanco, pero como no llueve nunca y paso de gastar dinero en lavar el coche, suele cubrirse de polvo y mierda. No consume mucho pero está viejo y eso hace que de tanto en tanto pasemos ratos entrañables juntos. Ignoro la potencia del coche, así como otros muchos detalles que tiene. Yo sé conducirlo y poco más, requisito suficiente para poder ir a cualquier lado con él.



Así es el Gitanomóvil, aunque como ya he dicho, mi coche suele tener unos quilos más de mierda encima. El interior del coche es una maravilla pues tiene un montón de cacharrería digital que ya le gustaría a Michael Knight y su asqueroso coche fantástico.

Como toda relación que se precie hay sus más y sus menos. He pasado momentos de gloria y momentos que desearía tener un monopatín en lugar de coche. Por ejemplo, estos últimos meses, mi queridísimo coche ha preferido darme todo tipo de problemas sin ningún tipo de justificación ¿Acaso te he hecho algo malo yo?

En Journal ya comenté el día en que me dieron una piña por detrás, sodomizando el maletero de mi vehículo sin ningún tipo de piedad por parte de una militar frustrada que se debió de frustrar más al ver el morro de su Honda Civic nuevo hecho trizas. Tuve que reparar el cerrojo del maletero pues a raiz de este accidente, decidió no querer cerrarse. Gracias al mecánico que con su fina instrumentaria arregló de dos martillazos a ese cerrojo que se empeñaba en no cumplir su cometido. No hace mucho dejé constancia en mi blog de una chapuzada mia al volante, cuando una foto me pillo en un despiste un tanto acelerado. Pero no he mencionado la última de mi coche, y es que el Gitanomóvil cuando se le mete en las bujías el hacerme la vida imposible, lo consigue. Hace tres semanas, mientras volvía de la universidad, el motor del coche se empezó a calentar mucho mientras iba de vuelta por la Ronda de Dalt. Poco antes de entrar a Badalona el motor del coche empezó a soltar humo y fue cuando me preocupé mucho. Decidí llevarlo al mecánico de toda la vida que por suerte me quedaba cerca, así que forcé un poco el coche para que pudiera llegar al menos ahí. Pues bueno, entre otras cosas, el mecánico me dijo que el problema que tenía mi coche era sobre un mango, que se había jodido con el tiempo y que me hacia perder mucha agua, pero que además es muy posible que se me hubiera jodido la "junta culata" (¿pero ezo qué é?) y que la factura me subiría un huevo. Pues nada, tuve que dejar el coche pues ¿a dónde voy yo con el coche jodido? ¡qué remedio!

Tras comentarle la broma a mi padre y encargarse personalmente de "asesorarme económicamente" (pues uno es estudiante y no trabaja), decidimos que además el coche tendría que pasar la ITV que debería de haber pasado hace más de medio año. Pues durante estas tres semanitas he estado sin coche, aunque no lo he notado mucho pues estando enclaustrado en mi habitación no necesitaba realizar grandes desplazamientos.

Ayer fuí a recogerlo, estaba el coche sano como una manzana. Pero esta mañana ha sido un día de mierda a bordo de mi fiel compañero. Primero de todo, algún listo del taller se le ha "olvidado" poner el reproductor de música dentro del coche, así que por su propio bien espero que el martes recuperé el aparato si no quieren tener problemas los muy sinvergüenzas. Por otro lado me dejaron el coche seco y mira que estoy seguro que cuando lo dejé tenía el depósito lleno. Pues bueno, antes de ir a recoger a mi madre a la tienda lo llevo a la gasolinera, a que me roben un poco con el carburante pero con la mala suerte de que estaba cerrada a saber porqué motivos, nada, me voy a otra que me viene de camino a la tienda, con la mala suerte de que están todos los surtidores fuera de servicio. Vale que me encuentre con una gasolinera cerrada, pero encontrarse con dos es tener muy mala suerte, más cuando mi coche necesitaba urgente una dosis de diesel. A la tercera fue la vencida pero no iba a ser del todo fácil pues el camino a esa gasolinera implicaba desviarme considerablemente de mi trayectoria, y además, cuando estoy llegando me encuentro con el mercadillo puesto cerrando la calle que me lleva a la gasolinera. Este obstáculo me lleva a una opción, dar una vuelta enorme por Badalona, en una zona que además de haber mercadillo, está de patas arriba por las obras que tiene el ayuntamiento entre manos desde hace ya tiempo. Y cuando digo una enorme vuelta es una enorme vuelta. Por suerte, después de atravesar todos esos pequeños baches llego a la gasolinera y puedo repostar. Lo que debería de haberme llevado 5 minutos me conlleva 45 minutos, suerte tuve que el coche no me dejara tirado por falta de combustible. Haced vosotros mismos balance, pero de verdad, ha sido un día de esos que no merecía coger el coche ni nada. Aunque bueno, supongo que viviré muchas más anécdotas con mi coche y por supuesto las iré escribiendo, pues me gusta eso de escribir las putadas que me ocurren con el coche o cuando voy de paseo con él. Como ya he dicho, se ha convertido en uno más de la familia y a pesar de ser él un cabroncete, me lo quiero mucho.


viernes, diciembre 01, 2006

¡Precaución, gitano conductor!

¡Ahora sí me pueden llamar Farruquito!

En un despiste por la Ronda de Dalt de Barcelona he cometido una imprudencia y he circulado a 102 km/h en lugar de los 80 km/h establecidos. ¡Ahora ya me puedo considerar un criminal y un peligro al volante! Los hechos ocurrieron el 12 de Noviembre a las 5:15 de la mañana del domingo. A esas horas estaría acompañando a las muchachas a su casa y lógicamente, al estar la Ronda tan vacía a esas horas, no es de extrañar que se me fuera el pie con el acelerador. ¡Si ya me pareció a mí que dejaba atrás a Fernando Alonso! Por suerte no he atropellado a ningún peatón, o al menos eso creo, porque ustedes comprenderan que a esas velocidades uno no sabe si pisa un papel o se lleva por delante a una abuela. ¡Maldigo a las cámaras que te hacen fotos a la matrícula! Ahora tendré que rascar 90 euros para pagar la multa, aunque doy gracias a que no me quiten puntos ¡Ya solo faltaría eso! ¡Si bochornoso ya es que me multen, más que me quiten puntos!

Bueno, la moraleja del cuento es que el transporte público es una mierda, si estuviera en condiciones no me llevaría el coche y no tendría multas por exceso de velocidad. Por tanto, la culpa es de Renfe, Metro y Tusal.

jueves, agosto 31, 2006

De escapada por Cataluña

El calor y el aburrimiento de este largo verano ha concluido en un épico viaje a bordo del Gitanomóvil. Acompañado de mi intrépido amigo y compañero Jesús, hemos explorado las montañas del Pirineo y parte del litoral catalán, huyendo de las altas temperaturas y la rutina. Esta entrada la dedicaré pues a narrar las aventuras de dos intrépidos muchachos, que de un día para otro cogieron el coche y se liaron a hacer kilómetros.

Todo empezó el lunes, 21 de Agosto, por la noche. Jesús y yo estabamos cansados de estar en Badalona, necesitabamos escaparnos de allí. No hace mucho ya pensamos en hacer una salida de unos dias con el coche pero hasta aquella noche no llegamos a determinar el día de dicha escapada ni el lugar de destino. Todo fue fácil, saldriamos al día siguiente por la mañana a Dios sabe dónde.

Para el viaje necesitabamos: mi coche, tienda de campaña, una nevera, dinero, sacos de dormir, algo de ropa, una guía REPSOL y mucha música. Todo lo preparamos rápido en una mañana y tal como estuvimos listos, me puse al volante y mi compañero decidio el destino: Camprodón.
Este sería mi primer viaje largo en coche. Con casi un año de carné, lo he cogido bastantes veces, pero no para trayectos tan largos y nunca me he metido por peligrosas carreteras de montañas. Pero mi habilidad al volante y las indicaciones de mi copiloto nos bastaron para sortear los peligros del camino: Los peajes. Estaba claro que un servidor no piensa pagar ni peajes, ni zonas verdes, ni azules. Por tanto durante el trayecto fuimos por carreteras, autovías, etc. Tras una hora y media en coche paramos en Ripoll para hacer el almuerzo. Quedaba poco para llegar a nuestro destino. Nos pusimos en marcha hasta llegar a la meta. Buscamos un lugar donde acampar, lo encontramos en Vilallonga del Ter, pueblo que está a muy pocos kilómetros de Camprodón. Ese camping da la casualidad que ya estuve de niño, también Jesús. El camping estaba situado al lado de la carretera del pueblo, y muy cerca de él pasa el río Ter. Río de gélidas aguas y no muy profundo. El primer día estuvimos dentro de sus aguas, bajando las corrientes del río, muy relajante y bonito.

He aquí la tienda de campaña. Lugar de descanso, donde comiamos y donde se nos olvidó traer una linterna. A las diez la tienda estaba oscura y no podiamos hacer otra cosa que hablar o dormir. Y la nevera, sin este trasto que me traje de casa, no habría ni agua fría ni nada de nada. También sirvió para guardar la comida, a pesar de que no hicimos una dieta muy saludable (fuet, Panrico, fruta, chorizo, salchichón, sangría, etc):










Una vez instalados fuimos a los pueblecitos de alrededor, acabando en Camprodón donde teniamos que abastecernos de comestibles y bebestibles. Sobretodo de hielo. ¡Necesitabamos mucho hielo! Dimos un paseo por el pueblo. Bonito pero pequeño, en un rato vimos lo más importante del lugar, como el puente y el supermercado (sí, para nosotros fue importante). Fotos en Camprodón:










Las noches siguientes vinieron acompañadas de tormentas. Estas tres noches fuera de casa fueron duras. El suelo no es un lugar cómodo para dormir, aun teniendo esterillas donde estirarse uno, me era muy difícil conseguir dormir. El día siguiente lo invertimos en ir a Vallter 2000, unas pistas de esquí que ha estas alturas del verano no hay ni nieve ni una puta mierda, pero como paisaje estuvo muy chulo. Una vez cansados de hacer la cabra montesa, bajamos al pie de la montaña para descansar en las aguas del río, mortalmente frío de cojones, pero bueno, el lugar compensaba las bajas temperaturas del dichoso río. Estuvimos los dos en gayumbos en el río pues se nos olvidaron los bañadores en la tienda. Tampoco importaba mucho la verdad, pues sólo nos mojamos los tobillos, pero a saber qué podría pensar quien pasará por ahí, al ver a dos mozos apuestos en calzoncillos. ¡No quiero ni pensarlo! Aquí pongo un par de fotos de la montaña (a la izquierda) y el río, donde se puede advertir por la expresión de mi rostro lo fría que está el agua de ese río:










También podemos ver a Jesús en la foto de arriba a la derecha emulando a Tarzán. Agarrando un palo y haciendo el simio. En fin, después de esto bajamos a Setcases, que como su nombre bien dice, había solo eso, "Siete casas". Un pequeño pueblo bonito que uno lo recorre en poco tiempo. Allí hicimos una pequeña excursión a una cascada y luego a llenar la nevera con más provisiones y volver a pasar otra mala noche en la tienda del camping.

Al día siguiente recogimos los trastos y nos preparamos para otro viaje. Esta vez cogimos la carretera y nos pusimos rumbo al Este. Paramos en el pequeño pueblo medieval de Besalú, un pueblo muy tranquilo a pesar del turismo que crea el lugar, situado en la comarca de La Garrotxa y el río Fluvià bañando los pies del pueblo. Lo que más entusiasmo provocó fue el río, dónde un servidor sintió la necesidad imperiosa de lanzarse allá. Unas pocas fotos mostrarán las maravillas de este poblado medieval:



















Pondría más fotos del pueblo, pero no me quedan. Prosigo con el viaje: Poco después nos fuimos a Banyoles, pueblo aburrido donde los haya (al menos eso a mi me parecio), dimos un rodeo al enorme lago de Banyoles y muertos de hambre fuimos a un chino a devorar arroz y tallarines. Como el pueblo no ofrecia nada más, a la tarde partimos rumbo a Figueres, donde quedé con unos colegas con los que jugaba a rol por Internet. Pasamos la tarde con ellos y una vez nos despedimos partimos rumbo a la costa catalana, pero la carretera era muy mala, había muy poca visibilidad, y encima llovía a cantaros. No tardé mucho en tomar la determinación de que debiamos buscar un lugar donde dormir. Pero como mi colega y yo determinamos que montar la tienda era un coñazo y pagar encima la estancia en un camping no nos apetecia, dormimos dentro del coche, aparcándolo en un pequeño pueblo que no sé cómo se llama, al lado de una huerta. El coche es un lugar no recomendado para dormir, Jesús y yo pasamos otra noche incomodísimos. Al día siguiente fuimos rumbo a L'Escala, otro pueblo muermo donde los haya y para nada bonito. Un pueblo costero dedicado al turismo y a esas cosas de guiris. Dimos un paseo y rápido nos cansamos de él. ¿Qué nos ofrecia pues estar ahí? Dirigirnos a las ruinas de Empuria Brava. Ver piedra sobre piedra y todo eso. Pues eso, una vez allí contemplamos las maravillas que produjeron los romanos aprovechando su estancia aquí. Esa misma mañana fuimos también a las playas de Sant Pere Pescador y poco después decidimos que nuestras aventuras habían acabado. Cogimos nuestro carruaje y partimos de nuevo a Barcelona. Por aquí tengo fotos de las ruinas:











Y aquí se acaba el viaje. Debo de hacer notar las maravillosas cualidades de mi coche, un Fiat Tempra que tiene 14 años, con climatizador y todas esas pijotadas. Con él hemos hecho en esos cuatro dias más de cuatrocientos kilómetros y sólo pagamos cuarenta euros en gasolina, que realmente está muy bien. ¡Larga vida al Gitanomóvil!. Por lo demás, debo de dar gracias a Alphaville por hacer el viaje más ameno, y a la batería de mi móvil, que tarda varios dias en descargarse (mi móvil cumple la función de reloj, imprenscindible para mi). Necesitaba hacer un viaje así, aunque es verdad que fuimos muy chapuceros en cuanto a los preparativos, pero todo fue bien y además, no nos perdimos, que era a eso a lo que más temiamos. Espero que se repita en otra ocasión. Ahora volveré a la rutina del verano, hasta que empiece la rutina universitaria.
¡Qué ganas tengo de hacer cosas! Un saludo a todos.