domingo, febrero 18, 2007

¡Esto es la guerra!

Hoy ha sido demencial. Para celebrar el cumpleaños del amigo Dani, nos hemos ido a un paintball, cerca de Pineda de mar. Nunca había ido a uno y siempre he tenido unas ganas locas de acribillar a alguien, aunque sea a balazos de pintura amarilla. Eramos nueve, Siscu, Irene, Julio, Chus, Dani, Rubén, Alfonso, Rafi y yo, a lo que se nos ha unido un grupo de mujeres, ya mayorcitas, a nuestra pequeña guerra personal. Y es que hoy ha sido un día muy belicoso para celebrar un cumpleaños.

Pues una vez en la montaña y con los que organizan estas actividades, nos hemos puesto unos petos similares a los que usan los exterminadores de alimañas, unas máscaras para cubrirnos la cara y evitar la posibilidad de que una bala de pintura substituya nuestro ojo de por vida, y por supuesto, las armas con las que segar la vida de esos viles canallas.

La zona de juego es un terreno grande repleto de árboles y numerosos obstáculos artificiales para usarlos con fines estratégicos, es decir, esconderse tras ellos y acribillar a cualquiera que se moviera hacia nosotros. Numerosas pendientes y mucho barro que dificultaba mucho ascender o descender por las laderas o incluso correr a través del campo enemigo. Además el tiempo jugaba en contra, la humedad hacia que se empañara el cristal de la máscara, convirtiendo la visualización del enemigo en algo muy difícil.

Una vez aprendidas las sencillas normas y teniendo los grupos hechos, empezamos la cacería humana. Por cierto, mi grupo era algo malote, pues nos habían metido a la mayoría de las mujeres, ya mayores, en mi grupo. Y no es lo mismo un grupo así que el otro, formado en su mayoría por fornidos varones como yo. Aún así, poco importaba, pues en una guerra tu no estás pendiente de lo que le pase a tu colega sino de que no te toque una bola de pintura, pues el impacto en el cuerpo es algo doloroso y hay que resguardarse bien....¡y que se joda el otro!

Hicimos varios juegos, desde intentar eliminar el máximo posible de adversarios, de proteger a nuestro compañero, recoger la bandera y llevarla a nuestro bando, llevar el testigo al campo contrario y por último, masacrarnos hasta acabar el cargador de pintura. La estrategia se convirtió en elemento fundamental para sobrevivir a aquel infierno. Aunque ponerlas en práctica son otra cosa. Me he llegado a arrastras en el suelo, cual gusano, avanzando posiciones, correr como alma que se me lleva el diablo hacia el obstáculo más próximo, mantener mi posición y cubrir a mi compañero que avanzaba. En fin, muchas proezas heroicas con las que hubiera obtenido alguna medalla en algún conflicto bélico de mayor envergadura. Durante el conflicto he sido lesionado en numerosas ocasiones. Me impactaron el mano izquierda, más tarde alguién acertó en mi cabeza, sufrí una herida mortal en el costado y alguien se encargó de erradicar mis almorranas con un certero disparo en el culete. Aunque yo también causé bajas enemigas, sobretodo a aquellos valientes que intentaron rodearnos o saltar de una posición a otra. Hasta llegué a infiltrarme en las filas enemigas y reducir a Julio, el único superviviente del bando contrario, aunque Alfonso, de mi equipo, lo ejecutó vilmente por la espalda mientras yo le interrogaba. También debo de denunciar lo guarro y tramposo que era dani, que se saltó una de las reglas para arremeter contra nosotros. Espero impaciente el consejo de guerra que determinará su ejecución en el paredón de la muerte.

Y hay que decir que estas cosas cansan un montón. La mayor parte del tiempo estás de cuclillas, detrás de algo que te cubra y disparando en cuanto se tiene oportunidad. Me he sentado sobre charcos, presa del enorme cansancio que uno sufre allá. Mi visibilidad reducida en todo momento debido a la humedad. Ha sido todo muy duro, aunque no debo de lamentar ningún daño físico.

Cuando acabamos de auto-exterminarnos, nos fuimos a hacer la barbacoa y a ponernos hasta el culo de panceta, chistorra, butifarras, morcillas, chorizos, pollo, y un montón de guarreridas más. Delicioso. Y muy belicoso.

He llegado hace un rato a casa y estoy realmente muerto, pero ha valido la pena. Quiero repetir pronto esta experiencia.

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